-POBREZA Y EXCLUSIÓN SOCIAL-
¿Por qué cada
vez sentimos menos o directamente sentimos indiferencia al ver a alguien
pidiendo en la calle o muriéndose de hambre por la televisión? Con esta
pregunta me gustaría comenzar la reflexión. La pobreza no es algo innato del
ser humano, no es algo que tenga que existir de forma necesaria para poder
vivir en sociedad. Es algo que se ha ido imponiendo y perpetuando a lo largo de
la historia, algo que hemos interiorizando tanto que vemos como normal, e
incluso en algunos casos justificamos. (Dios da a cada uno lo que se merece,
algo habrá hecho, está así porque quiere...)
Pero, ¿alguna
vez nos hemos planteado que eso nos puede pasar a nosotros mismos?
Sinceramente, creo que nadie de clase media, e incluso, media-alta, se haya
planteado seriamente, que en tres o cuatro meses pueda vivir esa situación de
pobreza, en la que no puedan pagar las facturas, la educación de sus hijos, la
comida del día a día... Pero, en la actualidad, esto no parece tan
descabellado, de hecho hay datos que lo ratifican. Existen 2000 millones de
personas en el mundo que viven con menos de 1$ al día. Es posible que estos datos
sean demasiado grandes como para hacernos una idea, pero bien, los siguientes
datos seguramente nos parezcan más representativos. Un informe de Caritas
afirma que en 2007 contaban con alrededor de 400.000 usuarios, mientras que
ahora el número ha ascendió hasta 1.400.000. Estos datos dan que pensar, y yo
me pregunto ¿no se puede hacer nada para paliar esta situación? Pues bien,
según la ONU los recursos destinados por los gobiernos en 2008 a rescatar a las
entidades financieras fueron 20 veces superiores a los destinados a la lucha
contra el hambre en los últimos 50 años. Dando por válida esta afirmación, y
teniendo en mente, los Objetivos del Milenio (ODM), en los que 189 países se
comprometieron a cumplirlos en un plazo de 15 años (2000-2015), podríamos decir
que todo lo que hay detrás de ellos, es mero palabrerío que no va a ninguna
parte, ya que se puede observar que durante los periodos de bonanza económica,
de 2004 a 2007, los pobres no dejaron de ser menos pobres, solo se mantuvieron
de forma similar a lo que estaban, pero sin embargo, sí que en periodo de
crisis son los más afectados, tanto a nivel económico como social. Teniendo en
cuenta los datos de la ONU podríamos decir que la pobreza puede ser solucionada
en un abrir y cerrar de ojos. ¿Cómo es posible que los gobiernos no cumplan los
ODM o que no haya alguna institución que intervenga para que lo hagan? La
respuesta tiene que ver con el modelo económico al que actualmente estamos
expuestos, el llamado capitalismo, el cual, centra todas sus energías en la
rentabilidad económica, dejando a un lado y desplazando a las personas de su
punto de mira.
Nuestros políticos y ricos nos venden la pobreza como
algo malísimo que hay que erradicar, pero pensándolo bien y teniendo en cuenta
lo dicho hasta el momento, es posible que la pobreza sea más rentable de lo que
parece. Porque bien es cierto, que existen personas en situación de pobreza
absoluta que no superan los estándares del consumo básico que requiere la
estructura funcional del sistema para generar rentabilidad, pero no podemos
olvidarnos de todas esas personas en situación de pobreza relativa, los cuales
tienen unos ingresos y están dentro del sistema capitalista, sistema en el cual
contribuyen, tanto produciendo como consumiendo. Este "tipo de
pobres" no son dos ni tres, son millones, millones de personas que de
forma inconsciente, están permitiendo que el sistema les ahogue y en alguno de
los casos les aplaste, ya que por el momento parece ser que no hay un grito
colectivo que diga ¡BASTA!. ¿Llegará ese momento? ¿qué harán entonces nuestros
políticos? Con esto no quiero responsabilizar a las personas que viven en
situación de pobreza de su realidad. Lo que me gustaría poner de manifiesto, es
lo bien montado que lo tienen nuestros poderosos, para que aun siendo una
mínima parte de la población manejen, exploten y roben al resto de la sociedad,
sin que nosotros apenas nos demos ni cuenta, y en otros casos, no queramos dárnosla.
Tampoco nos podemos olvidar, que las personas en
situación de pobreza son un blanco fácil para la mano de obra barata. Y ni que
decir tiene, la rentabilidad electoral que conllevan, ya que aunque pobres
también votan. Y entonces sí, hay están nuestros políticos creando discurso,
programas electorales, ganando votos a base de mentiras, aprovechándose de la
situación de injusticia de muchos. Parece increíble, una historia de película,
pero no, es la realidad a la que nos enfrentamos y parece no tener fin.
En relación al tema pobreza-negocio, también me
gustaría hacer referencia al tema de desgravación de impuestos, con un caso
real y conocido. Aunque podríamos hablar de diferentes personas con nombres y
apellidos, en este caso, hablaremos de nuestro gran multimillonario Amancio
Ortega. Este buen hombre, no hace más de un año donó 20 millones de euros a
Caritas. En un principio, no tiene por qué parecerle mal a nadie, pero si vemos
un poco más allá, podemos darnos cuenta de que gracias a esa donación, Amancio
va a desgravarse un 10% de lo donado. No es mucho ¿verdad?, pero si a ese 10%
le añadimos la publicidad indirecta que hace de su empresa y el lavado de
imagen, el valor incrementa. Parece ser que la intención que tuvo al hacer la
donación era la de acabar con diferentes situaciones injustas, pero también
parece que se olvido de todas aquellas fábricas que tiene alrededor del mundo
en las que existen situaciones de explotación, con jornadas laborales eternas y
sueldos por los suelos.
Algo parecido
pero al revés, pasa con los gobiernos. No son capaces de erradicar la pobreza
de su propio país, y sin embargo presumen de tratar de paliarla en el tercer
mundo. ¿Cómo se puede ser tan cínico? ¿Cómo pueden hablar de ayuda y
colaboración con el tercer mundo, si hemos sido nosotros los que les hemos
colonizado, arruinado e incluso robado? Pero claro, para nuestros poderosos es
muy importante perpetuar y mantener el mito de la pobreza, ya que sin ella no
podrían mantener dicho negocio.
Hasta ahora nos hemos centrado en el tema de la
pobreza, de ahí, que casi toda nuestra reflexión hasta el momento haya tenido
connotaciones económicas. A continuación, introduciremos un término, que aunque
tenga bastante que ver, abarca un marco más amplio el económico, y por lo
tanto, que la pobreza. La llamada exclusión social hace referencia a la perdida
de integración o participación del individuo en la sociedad, pudiendo aparecer
en uno o varios de los siguientes ámbitos; el económico , el social, el
político y/o el cultural.
La pobreza implica unas consecuencias personales y
sociales que en su mayoría son factores de riesgo que nos van acercando a hacia
la exclusión social. Pongamos un ejemplo con el que ver los más claro.
Una familia en situación de pobreza relativa, en la
que solo un miembro de ella trabaja se queda sin trabajo de un día para otro.
Podemos suponer, que con los ingresos de su anterior trabajo no les daba para
ahorrar demasiado, por lo que como mucho, podrán vivir, o mejor dicho
sobrevivir, durante uno o dos meses con algo de dinero. Pero, ¿y qué pasará
después? Seguramente, alguien les aconseje que acuda a los Servicios Sociales
(SSSS), en el caso que el lugar en el que estén, dispongan y puedan acceder a
ellos. Pero claro de todos es sabido, que los SSSS, no son del todo rápidos que
digamos, así que tendrán que empezar a prescindir de diferentes productos y
servicios. Pongamos en el caso de que se quedan sin luz y tienen a un hijo en
edad escolar, este hecho repercutirá muy negativamente en la educación del
niño, un hecho que se sobrepondrá a un derecho, el de la educación. Si pasados
los meses siguen sin encontrar trabajo y sin que los SSSS puedan hacer nada por
ellos, solo les quedan algunas opciones, sobrevivir con la ayuda de su entorno
más cercano, pedir en diferentes instituciones, asociaciones que se dedican a
ello o cometer algún acto delictivo que transitoriamente la permita vivir. ¿De
verdad a día de hoy, tal y donde vivimos tenemos que recurrir a la caridad,
actos delictivos o familia para sobrevivir, no debería de ser el Estado el
encargado de proporcionar unos mínimos de calidad de vida a las personas? Este
ejemplo podría dar muchísimos más de si, ya que también influiría en su vida
social y cultural, sin poder hacer prácticamente nada que no tengan a su
alcance de forma gratuita, en sus estados de ánimo, en su visión del mundo...
Todo esto y la falta de participación en la sociedad en general, hacen que la
exclusión social se convierta en una espiral, de la que es muy difícil salir y
muchísimo más sin ayuda.
Es inconcebible ver como los políticos están viendo
que las tasas de exclusión social no hacen nada más que crecer año tras año y
solo se les ocurre disminuir el presupuesto del gasto social y privatizar y
externalizar SSSS. ¿Qué tienen en la cabeza? ¿a que dedican el tiempo que se
supone que trabajan? Que alguien me lo diga, porque yo no lo entiendo.
Como podemos ver nuestros ricos y poderosos no nos
van a ayudar a salir de la pobreza o paliar la exclusión social, por lo que
tendremos que ser nosotros mismos los que nos organicemos y planifiquemos con
la intención de ser autosufientes y dejar de ser marionetas de nadie. Con esta
idea en la cabeza es fácil visualizar la función de los educadores ante la
exclusión, debemos de dotar a las personas de herramientas y recursos
necesarios, para que mediante ellos consigan un mayor empoderamiento y así por
salir de esa situación.
Para finalizar me gustaría decir que el Estado debe
de hacerse cargo del derecho a la vida digna de las personas, centrándose más
en el apoyo cualitativo que en el cuantitativo, siendo este el único camino que
nos puede permitir volver a la senda del Estado de Bienestar.