lunes, 18 de noviembre de 2013

POBREZA Y EXCLUSIÓN SOCIAL


-POBREZA Y EXCLUSIÓN SOCIAL-

¿Por qué cada vez sentimos menos o directamente sentimos indiferencia al ver a alguien pidiendo en la calle o muriéndose de hambre por la televisión? Con esta pregunta me gustaría comenzar la reflexión. La pobreza no es algo innato del ser humano, no es algo que tenga que existir de forma necesaria para poder vivir en sociedad. Es algo que se ha ido imponiendo y perpetuando a lo largo de la historia, algo que hemos interiorizando tanto que vemos como normal, e incluso en algunos casos justificamos. (Dios da a cada uno lo que se merece, algo habrá hecho, está así porque quiere...)
Pero, ¿alguna vez nos hemos planteado que eso nos puede pasar a nosotros mismos? Sinceramente, creo que nadie de clase media, e incluso, media-alta, se haya planteado seriamente, que en tres o cuatro meses pueda vivir esa situación de pobreza, en la que no puedan pagar las facturas, la educación de sus hijos, la comida del día a día... Pero, en la actualidad, esto no parece tan descabellado, de hecho hay datos que lo ratifican. Existen 2000 millones de personas en el mundo que viven con menos de 1$ al día. Es posible que estos datos sean demasiado grandes como para hacernos una idea, pero bien, los siguientes datos seguramente nos parezcan más representativos. Un informe de Caritas afirma que en 2007 contaban con alrededor de 400.000 usuarios, mientras que ahora el número ha ascendió hasta 1.400.000. Estos datos dan que pensar, y yo me pregunto ¿no se puede hacer nada para paliar esta situación? Pues bien, según la ONU los recursos destinados por los gobiernos en 2008 a rescatar a las entidades financieras fueron 20 veces superiores a los destinados a la lucha contra el hambre en los últimos 50 años. Dando por válida esta afirmación, y teniendo en mente, los Objetivos del Milenio (ODM), en los que 189 países se comprometieron a cumplirlos en un plazo de 15 años (2000-2015), podríamos decir que todo lo que hay detrás de ellos, es mero palabrerío que no va a ninguna parte, ya que se puede observar que durante los periodos de bonanza económica, de 2004 a 2007, los pobres no dejaron de ser menos pobres, solo se mantuvieron de forma similar a lo que estaban, pero sin embargo, sí que en periodo de crisis son los más afectados, tanto a nivel económico como social. Teniendo en cuenta los datos de la ONU podríamos decir que la pobreza puede ser solucionada en un abrir y cerrar de ojos. ¿Cómo es posible que los gobiernos no cumplan los ODM o que no haya alguna institución que intervenga para que lo hagan? La respuesta tiene que ver con el modelo económico al que actualmente estamos expuestos, el llamado capitalismo, el cual, centra todas sus energías en la rentabilidad económica, dejando a un lado y desplazando a las personas de su punto de mira.
Nuestros políticos y ricos nos venden la pobreza como algo malísimo que hay que erradicar, pero pensándolo bien y teniendo en cuenta lo dicho hasta el momento, es posible que la pobreza sea más rentable de lo que parece. Porque bien es cierto, que existen personas en situación de pobreza absoluta que no superan los estándares del consumo básico que requiere la estructura funcional del sistema para generar rentabilidad, pero no podemos olvidarnos de todas esas personas en situación de pobreza relativa, los cuales tienen unos ingresos y están dentro del sistema capitalista, sistema en el cual contribuyen, tanto produciendo como consumiendo. Este "tipo de pobres" no son dos ni tres, son millones, millones de personas que de forma inconsciente, están permitiendo que el sistema les ahogue y en alguno de los casos les aplaste, ya que por el momento parece ser que no hay un grito colectivo que diga ¡BASTA!. ¿Llegará ese momento? ¿qué harán entonces nuestros políticos? Con esto no quiero responsabilizar a las personas que viven en situación de pobreza de su realidad. Lo que me gustaría poner de manifiesto, es lo bien montado que lo tienen nuestros poderosos, para que aun siendo una mínima parte de la población manejen, exploten y roben al resto de la sociedad, sin que nosotros apenas nos demos ni cuenta, y en otros casos, no queramos dárnosla.
Tampoco nos podemos olvidar, que las personas en situación de pobreza son un blanco fácil para la mano de obra barata. Y ni que decir tiene, la rentabilidad electoral que conllevan, ya que aunque pobres también votan. Y entonces sí, hay están nuestros políticos creando discurso, programas electorales, ganando votos a base de mentiras, aprovechándose de la situación de injusticia de muchos. Parece increíble, una historia de película, pero no, es la realidad a la que nos enfrentamos y parece no tener fin.
En relación al tema pobreza-negocio, también me gustaría hacer referencia al tema de desgravación de impuestos, con un caso real y conocido. Aunque podríamos hablar de diferentes personas con nombres y apellidos, en este caso, hablaremos de nuestro gran multimillonario Amancio Ortega. Este buen hombre, no hace más de un año donó 20 millones de euros a Caritas. En un principio, no tiene por qué parecerle mal a nadie, pero si vemos un poco más allá, podemos darnos cuenta de que gracias a esa donación, Amancio va a desgravarse un 10% de lo donado. No es mucho ¿verdad?, pero si a ese 10% le añadimos la publicidad indirecta que hace de su empresa y el lavado de imagen, el valor incrementa. Parece ser que la intención que tuvo al hacer la donación era la de acabar con diferentes situaciones injustas, pero también parece que se olvido de todas aquellas fábricas que tiene alrededor del mundo en las que existen situaciones de explotación, con jornadas laborales eternas y sueldos por los suelos.
 Algo parecido pero al revés, pasa con los gobiernos. No son capaces de erradicar la pobreza de su propio país, y sin embargo presumen de tratar de paliarla en el tercer mundo. ¿Cómo se puede ser tan cínico? ¿Cómo pueden hablar de ayuda y colaboración con el tercer mundo, si hemos sido nosotros los que les hemos colonizado, arruinado e incluso robado? Pero claro, para nuestros poderosos es muy importante perpetuar y mantener el mito de la pobreza, ya que sin ella no podrían mantener dicho negocio.
Hasta ahora nos hemos centrado en el tema de la pobreza, de ahí, que casi toda nuestra reflexión hasta el momento haya tenido connotaciones económicas. A continuación, introduciremos un término, que aunque tenga bastante que ver, abarca un marco más amplio el económico, y por lo tanto, que la pobreza. La llamada exclusión social hace referencia a la perdida de integración o participación del individuo en la sociedad, pudiendo aparecer en uno o varios de los siguientes ámbitos; el económico , el social, el político y/o el cultural.
La pobreza implica unas consecuencias personales y sociales que en su mayoría son factores de riesgo que nos van acercando a hacia la exclusión social. Pongamos un ejemplo con el que ver los más claro.
Una familia en situación de pobreza relativa, en la que solo un miembro de ella trabaja se queda sin trabajo de un día para otro. Podemos suponer, que con los ingresos de su anterior trabajo no les daba para ahorrar demasiado, por lo que como mucho, podrán vivir, o mejor dicho sobrevivir, durante uno o dos meses con algo de dinero. Pero, ¿y qué pasará después? Seguramente, alguien les aconseje que acuda a los Servicios Sociales (SSSS), en el caso que el lugar en el que estén, dispongan y puedan acceder a ellos. Pero claro de todos es sabido, que los SSSS, no son del todo rápidos que digamos, así que tendrán que empezar a prescindir de diferentes productos y servicios. Pongamos en el caso de que se quedan sin luz y tienen a un hijo en edad escolar, este hecho repercutirá muy negativamente en la educación del niño, un hecho que se sobrepondrá a un derecho, el de la educación. Si pasados los meses siguen sin encontrar trabajo y sin que los SSSS puedan hacer nada por ellos, solo les quedan algunas opciones, sobrevivir con la ayuda de su entorno más cercano, pedir en diferentes instituciones, asociaciones que se dedican a ello o cometer algún acto delictivo que transitoriamente la permita vivir. ¿De verdad a día de hoy, tal y donde vivimos tenemos que recurrir a la caridad, actos delictivos o familia para sobrevivir, no debería de ser el Estado el encargado de proporcionar unos mínimos de calidad de vida a las personas? Este ejemplo podría dar muchísimos más de si, ya que también influiría en su vida social y cultural, sin poder hacer prácticamente nada que no tengan a su alcance de forma gratuita, en sus estados de ánimo, en su visión del mundo... Todo esto y la falta de participación en la sociedad en general, hacen que la exclusión social se convierta en una espiral, de la que es muy difícil salir y muchísimo más sin ayuda.
Es inconcebible ver como los políticos están viendo que las tasas de exclusión social no hacen nada más que crecer año tras año y solo se les ocurre disminuir el presupuesto del gasto social y privatizar y externalizar SSSS. ¿Qué tienen en la cabeza? ¿a que dedican el tiempo que se supone que trabajan? Que alguien me lo diga, porque yo no lo entiendo.
Como podemos ver nuestros ricos y poderosos no nos van a ayudar a salir de la pobreza o paliar la exclusión social, por lo que tendremos que ser nosotros mismos los que nos organicemos y planifiquemos con la intención de ser autosufientes y dejar de ser marionetas de nadie. Con esta idea en la cabeza es fácil visualizar la función de los educadores ante la exclusión, debemos de dotar a las personas de herramientas y recursos necesarios, para que mediante ellos consigan un mayor empoderamiento y así por salir de esa situación.

Para finalizar me gustaría decir que el Estado debe de hacerse cargo del derecho a la vida digna de las personas, centrándose más en el apoyo cualitativo que en el cuantitativo, siendo este el único camino que nos puede permitir volver a la senda del Estado de Bienestar. 

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