lunes, 2 de diciembre de 2013

PRESENTE, PASADO Y FUTURO DE LA LEY DE DEPENDENCIA


¿De dónde viene y hacia donde se encamina la Ley de Dependencia? La respuesta a esta pregunta, va a ser el objeto de reflexión de las siguientes páginas.
El 1 de enero de 2007, durante el gobierno de Zapatero, se aprobó la Ley de Dependencia, la cual reconoce un nuevo derecho en España, universal y subjetivo: el derecho a la promoción de la autonomía personal y atención a las personas en situación de dependencia. Para ello, en el artículo 1 de la Ley se hace necesaria la creación del Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia (SAAD) como órgano que garantice el propósito de la ley.
Para comprender mejor el camino que ha recorrido la ley hasta el día de hoy, vamos a dar unas pequeñas pinceladas acerca de los diferentes cambios que ha ido sufriendo. Durante los primeros años de su implantación, se hizo una gran inversión económica, siendo durante el 2009 y el 2010, los años con mayor presupuesto. A partir de ese año, desde Europa se pide a España que lleve a cabo una reducción del gasto público. En ese momento, todavía el país era gobernado por el PSOE, por lo que tuvieron que tomar una decisión y como reducir el presupuesto iba a quedar muy mal de cara al público, se les ocurrió la maravillosa idea de paralizar las entradas de nuevas personas en situación de dependencia. Dos años más tarde, comenzó la legislatura del Partido Popular, es entonces cuando a través de la aprobación de diferentes decretos, se llevaron a cabo fuertes recortes. Y este hecho, podría hacernos pensar y a mí personalmente lo hace, que el gobierno busca la derogación encubierta de la ley.
Estos recortes pueden verse reflejados en muchos aspectos: se han recortado un 15% las prestaciones, se trasladaron las competencias de los ayuntamientos a las comunidades autónomas (CCAA), disminuyendo hasta un 13% la aportación del Estado a las comunidades y sin que estas tuviesen, ni tengan ningún tipo de protocolo específico que de participación a sus ayuntamientos, algo que aceleraría los trámites y la burocracia. Como es lógico pensar, estas actuaciones tienen unas consecuencias, como la disminución, o como ellos dicen, racionalización de los servicios, lo cual conlleva un aumento en las listas de espera el descenso de la contratación de profesionales, la pérdida de poder adquisitivo de las personas dependientes, una mayor carga para las familias…
¿Hasta cuándo asciende la cifra que el gobierno ha recortado en los presupuestos de la Ley de Dependencia ya fijados? Pues a nada más y nada menos que 1000 millones de euros. Pero la cosa no queda aquí, además aumenta el copago un 5% en tres años, reducen las pensiones, en ocasiones de hasta un 90%, dejan de entrar por la Seguridad Social elementos tan imprescindibles como las sillas de ruedas, audífonos, ambulancias en muchos de los casos… Y también tienen la desfachatez de eliminar de un plumazo el derecho de cotización de los trabajadores no profesionales a cargo de las personas dependiente, generalmente familiares que se hacen cargo de ellos las 24 horas del día, impidiendo a estos, por lo tanto poder trabajar en ningún otro sitio.
Dando un pequeño salto, pero en relación al mismo tema, no se nos puede olvidar mencionar la externalización de servicios a la empresa privada, la cual como todo el mundo sabe, busca el mayor beneficio económico, al margen del beneficio social y de las personas con dependencia. Seguramente, esto conlleve peores condiciones laborales para los trabajadores, servicios de menos calidad y más caros. Bueno, no. Es posible que de menos calidad no, probablemente hasta que aumente, pero claro, incrementando los precios. ¿Y esto que quiere decir? Pues bien, que solo los que más dinero tengan podrán acceder a ese tipo de productos y servicios, dejando desamparada a una gran parte de la población. ¿Tiene algún tipo de sentido poner más obstáculos y dar menos facilidades a las personas que más lo necesitan? ¿Dónde se quedó la Ley de Dependencia de la que hablábamos antes, esa que era la encargada de garantizar los derechos y mejorar la calidad de vida de las personas en situación de dependencia? ¿Cómo se atreven los políticos a convertir derechos sociales en un negocio?
La Ley de Dependencia supuso un gran avance en cuestión de protección social, pero actualmente, tras esos fantásticos cambios que nuestros grandes políticos han llevado a cabo, están dejando la ley sin contenido, privatizando la mayoría de los servicios y reduciendo los presupuestos, dejándola morir lentamente y sin que se note demasiado, no vaya a ser que la gente se enfade y se revele.

Nuestros gobernantes están perdiendo la poca credibilidad que les quedaba, el crecimiento de sostenibilidad social, al que todos hacen referencia en sus discursos solo parece florecer cuando existe una época de bonanza económica y elecciones cercanas. No puede ser que un derecho universal y subjetivo este sujeto a los presupuestos generales del Estado, los derechos de las personas tienen que estar por encima de cualquier presupuesto. 

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